viernes, 27 de febrero de 2015

Missing Children informa, advierte y aconseja: sobre secuestros de bebes, niños, adolescentes y jóvenes.

Para empezar, un poco de información 
sobre Missing Children 

A fines del año 1999 se constituyó con un grupo de voluntarios 
de Red Solidaria, la Asociación Civil sin Fines de Lucro
"Missing Children - Chicos Perdidos de      Argentina". 

MISIÓN: 

"Ayudar a las familias a encontrar a sus chicos perdidos" 

Objetivo: 

"Crear un sistema ágil, eficaz y eficiente para la búsqueda de menores perdidos, entendiéndose por tales a los menores de edad según la ley de su domicilio y a los incapaces judicialmente declarados tales" 

Nuestra tarea consiste en:

 
- Orientar a la familia en los pasos a seguir en la búsqueda.

 
- Colaborar con la justicia y las fuerzas de seguridad haciendo un seguimiento de las instancias jurídicas e investigativas.

 
- Difundir a través de los medios de comunicación las fotos de los menores.

 
- Desarrollar un trabajo en red con instituciones públicas y privadas relacionadas con el tema. 


- Concientizar a la sociedad sobre la gravedad de esta problemática.
 


CONSEJOS A TENER EN CUENTA 


Bebés y Primera edad: 

No permitir que ningún extraño agarre a su bebé en la calle. No importa si el extraño elogia al niño y pide permiso para acariciarlo. Decir "no" siempre es lo mejor para alejar el peligro. 

Cuando pasea al bebe en cochecito, siempre es conveniente orientar el cochecito para ver de frente continuamente al niño. No es aconsejable circular con el bebe mirando hacia delante porque facilita el accionar de los ladrones. 

En una plaza, hay que estar atento al niño y no perderlo de vista. Lo primordial es no distraerse charlando con otras madres mientras el chico juega, principalmente si el niño es travieso y suele correr mucho. 

Cuando una persona intenta acariciar el bebe, es necesario ser firme y decir: 

Gracias por sus buenas intenciones, pero no quiero que se acerque al niño. 

No bordar el nombre del niño en el delantal del jardí­n, ya que personas extrañas pueden llamarlo por su nombre y hacerle creer que son conocidos. 

Ante una situación de confusión, lo mejor es agarrar al niño y retirarse del lugar enseguida. Si no es posible, la salida más aconsejable es gritar para pedir la presencia policial. 

Es muy importante denunciar todos los hechos que suceden. No importa si el robo no se concretó. Alertar a la policía es importante para poder atrapar a los ladrones y evitar otros casos. 

En todos los casos se recomienda acudir lo antes posible a una dependencia policial para radicar la denuncia.
 

Chicos y Adolecentes 

Constantemente háblele a su hijo sobre el amor hacia él, que recuerde que los padres están para apoyarlos y ayudarlos en las distintas etapas de su vida y ante las crisis que pueda ir experimentando. 

Enseñe a sus hijos que si están en un lugar público y de pronto se separan, que no deambulen buscándolos. Deben acercarse a un guardia de seguridad o a algún negocio y decirles que necesitan ayuda para encontrar a su mamá o papá. 


Obtenga referencias sobre las personas que cuiden a sus hijos mientras usted trabaja o cuando sale de paseo. 
Es importante que tanto su hijo como usted sean cuidadosos y estén atentos, pero que no tengan miedo. 

Esté atento cuando un adolescente o adulto presta demasiada atención a su hijo o hija o que les hace regalos impropios o caros. 

Enseñe a sus hijos que nadie debería acercarse a ellos o tocarlos de una manera que los haga sentir incómodos. Si alguien lo hace, ellos deben contárselo inmediatamente a usted. Nadie debería tocarlos en las partes privadas de su cuerpo. 

Enseñe a sus hijos que nunca suban a un auto o que vayan con alguna persona a menos que ustedes les hayan dado permiso. 

Si alguna persona adulta necesita ayuda o información, no debe pedírsela a un chico, debe pedírsela a otro adulto. 

Tenga una palabra clave secreta y fácil con sus hijos. En caso que alguien se acerque a ellos para decirles que usted no puede buscarlos y que debe irse con él, esa persona debería saber esa palabra clave para que su hijo esté seguro que usted lo autorizó. Si no la sabe, que se aleje lo más rápido posible y que le diga a la maestra o a un guardia. 

Enséñeles a gritar y defenderse en caso que alguien los quiera llevar por la fuerza. 



Que griten: este hombre (o mujer) no es mi padre (o madre) y está tratando de llevarme! 

Sus hijos no deberían ir solos a ninguna parte, dígales que siempre se movilicen con un amigo. 

Si alguien quiere sacarle una foto a su hijo o hija, primero debe pedirle permiso a usted. Enséñele a su hijo que no acepte que le saquen fotos sin permiso de sus padres. 

Enseñe a sus hijos a confiar en sus propios instintos y asegúreles que tienen derecho a decir NO a lo que ellos sienten que está mal o los hace sentir incómodos. 

Tenga una comunicación efectiva con su hijo o hija. Es importante establecer una atmósfera en la casa donde su hijo se sienta cómodo para hablar acerca de cuestiones sensibles y a contar sobre experiencias que pueda haber vivido. 

Permítales hablar libremente sobre lo que les gusta y lo que no les gusta, sobre sus amigos y sus sentimientos. 

Sepa donde están sus hijos en todo momento. Conozca a sus amigos y sus actividades cotidianas. 

Sea perceptivo a los cambios en el comportamiento de su hijo o hija; constituyen una señal de que debe sentarse y hablar acerca de qué causó los cambios. 
 


Con respecto a Internet.... 

Conozca Internet y los servicios que usa su hijo. Si no sabe como entrar, pídale que le enseñe a hacerlo y que le muestre lo que hace cuando está "online". 

Enseñe a sus hijos tanto los beneficios como los peligros del espacio cibernético para que puedan protegerse ante una situación peligrosa. 

Trate que la computadora esté en un ambiente de uso familiar como el comedor o cocina, en lugar del dormitorio. 

Trate de conocer a sus "amigos cibernéticos" tal como conoce a sus otros amigos 

Si su hijo o hija le cuenta acerca de una persona o de algo perturbador que encontró en línea, no lo culpe sino ayúdelo a evitar problemas en el futuro. 

Enseñe a sus hijos a nunca dar información que lo identifique (domicilio, número telefónico, escuela a la que concurre, etc.) a menos que lo haga bajo su atención y autorización. 

Su hijo o hija debe saber que nunca debe concertar reuniones personales con otros usuarios de Internet sin su consentimiento. 

No es conveniente que su hijo o hija pase largas horas en Internet, especialmente tarde en la noche. 

Indíqueles que nunca respondan mensajes de correo electrónico, comentarios de los foros de conversación o de los grupos de noticias que sean hostiles, obscenos, impropios, amenazantes o que lo hagan sentir incómodo. Si reciben un mensaje acosador, de naturaleza sexual o amenazante, envíe una copia del mensaje a su PSI (Proveedor de Servicio de Internet) y pida ayuda. 

Actualmente hay servicios que califican los sitios web por contenido, así­ como programas de filtro y navegadores que permiten a los padres bloquear sitios de los que sabe que contienen material objetable. 
 


Discapacitados Mentales:
 

Las consignas deben ser pocas, cortas y precisas. 

Siempre debe llevar una identificación (nombre, teléfono y dirección). 

Se le debe explicar que lo primero que debe hacer cuando se siente perdido es mostrar esa identificación. 

Es esencial transmitirle que en caso de perderse nunca es su culpa, para no quitarle seguridad en si mismo. El tema se puede encarar diciendo: "A veces los colectivos cambian su recorrido porque las calles están rotas.... por eso te doy esta identificación para que te ayude por si te tenés que bajar en otro lado y no te ubicás". 

Siempre debe solicitar ayuda: o acercarse a un policía (enseñarle a reconocer el uniforme como reconoce el colectivo que toma habitualmente) o si llega a la terminal pedir ayuda allí para que lo lleven a la comisaría, o no permanecer en la calle, aunque sea entrar a un comercio para que lo asistan. 

Infundirle tranquilidad: "Quedate tranquilo que si vas a la policía o a la terminal te van a ayudar...." 
 


CUIDADOS EN INTERNET.. 


Pensalo antes de postear 

"Postear datos": 
si vas a "colgar" datos personales en Internet hacerlo de manera responsable. 
Preguntarse si alguien puede salir perjudicado por lo que vas a publicar y tener precaución con la información que puedas dar de terceras personas sin su consentimiento.
 

"No arregles encuentros en persona con alguien que conociste en un Chat Room". Recuerda, nunca sabes si las personas que primero "conoces" en línea son quienes ellos dicen que son. Si queres encontrarte con alguien, discutilo primero con tus padres y nunca vayas al encuentro solo. Arregla encontrarte en lugares públicos como una cafetería o en un centro comercial. 
No sabemos el número exacto de adolescentes que son molestados, secuestrados, o que han abandonado el hogar como resultado de contactos hechos en Internet, pero cuando este tipo de situaciones suceden, los resultados pueden ser trágicos. 
Las consultas de padres respecto de situaciones que resultan alarmantes y que se generan la mayoría de las veces a través del uso de Internet tal vez te resulten familiares; ¿Podrán haber sido los tuyos? 


http://www.taringa.net/posts/solidaridad/14836567/Missing-Children-informa-advierte-y-aconseja.html

lunes, 23 de febrero de 2015

Un silencio atronador:- 18 F- Marcha por Nisman- Ningún dirigente podrá adueñarse de la masiva marcha de ayer que sólo pidió justicia y que redujo al ridículo las advertencias oficialistas sobre golpes de Estado duros o blandos.

 

 por ROGELIO ALANIZ *

Nunca el silencio produjo tanto ruido, nunca el silencio mereció tantas interpretaciones, nunca el silencio fue tan elocuente. Las multitudes en la calle le rindieron su cálido homenaje al fiscal cuya muerte sigue siendo una sugestiva incógnita. Lo hicieron callados, tal vez porque ya está todo dicho, tal vez porque no hay nada más que decir o tal vez porque se espera que hable quien tiene que hablar, es decir, el Gobierno, el mismo gobierno que a través de las últimas intervenciones de su titular se refirió a los más diversos temas, menos a lo que importa, es decir, a Nisman y su muerte, su misteriosa e inquietante muerte.
Es precisamente el aura de misterio que rodea el caso lo que suscita aprehensión y miedo. A nadie se le escapa que si efectivamente Nisman se hubiera suicidado estas multitudes no estarían en las calles. No es la certeza lo que moviliza a la gente, sino la sospecha de que desde el poder se puede haber tramado esta muerte.
El homenaje al fiscal fue promovido por algunos de sus colegas. Así debe ser. Los fiscales que decidieron dar la cara algunas veces seguramente se habrán equivocado, pero no son sus virtudes o defectos lo que hoy está en juego, sino su voluntad de rendirle honores al hombre cuya muerte es una amenaza letal a uno de los poderes centrales del Estado de Derecho.
Si el "suicidado" hubiera sido un legislador, seguramente, sus colegas parlamentarios habrían encabezado la manifestación. Pero me atrevo a decir que en el país que vivimos la Marcha de Silencio podría haber sido convocada por las redes sociales o los partidos políticos o los medios de comunicación, porque de hecho el deseo de salir a la calle a rendir honores a Nisman, los honores que el Gobierno no fue capaz de rendirle, estaba en el corazón de la gente.
¿Quién convocó a estas multitudes que ganaron las calles en Buenos Aires y en todas las ciudades del país e incluso en el extranjero? El Gobierno. La Presidenta. Ella lo hizo. Lo hizo con su empecinada negativa en darles las condolencias a los familiares del muerto, con sus desbordes verbales, sus insólitas ambigüedades, su manifiesta insensibilidad, su deliberada decisión de decretar la alegría cuando el dolor, la incertidumbre y el miedo nos dominaban a todos.
Transformar a la Casa Rosada en una Unidad Básica y celebrar una suerte de fiesta con tono de bacanal, más que un error fue una torpeza, una exhibición patética de un régimen que se repliega en sí mismo mientras más allá del Patio de las Palmeras, más allá de las murgas y las claques, el sentimiento dominante era el dolor y el miedo. La Señora debería saber que la alegría y la felicidad no se decretan, que esa fantasía de todos los autoritarios de la historia siempre degradó en pesadilla, que la risa forzada inevitablemente se transforma en mueca.
Esas multitudes silenciosas que ocuparon las calles de la Argentina son por definición libres. No fueron arreadas por los punteros de turno y tampoco son masas manipulables. Salieron a la calle, afrontaron las inclemencias de las lluvias o las incomodidades de los apretujones porque así se los dictaban sus conciencias. No hubo un motivo exclusivo, pero si fuera posible sintetizarlo en pocas palabras, podría decirse que salieron para defender las libertades de todos, incluso de los que, también por diversos motivos, se quedaron en sus casas.
Conviene insistir en este concepto: fue una jornada que representa a toda la nación, incluso a los que se opusieron a ella con argumentos pueriles. Más allá de las anécdotas y las inevitables divergencias, la fractura no está planteada entre kirchneristas y antikirchneristas, sino entre el poder dominante y la sociedad. Esta manifestación popular así lo confirma, no porque todos hayan estado de acuerdo con ella, sino porque los valores que la movilizaron son compartidos por todos.
Nunca olvidar que se salió a la calle para impedir el retorno de lo siniestro en un país donde la memoria del terrorismo de Estado aún lastima. Se salió a la calle para revalidar la causa de los derechos humanos como corresponde: con mesura y respeto, y con la convicción de que ellos pertenecen a todos y no son el patrimonio exclusivo de sellos financiados por el poder. Se salió a la calle para reeditar un nuevo Nunca Más porque, como los hechos lo demuestran, las libertades también pueden estar amenazadas en democracias controladas por regímenes que reniegan de ella. Se salió a la calle, porque existe la empecinada sospecha de que el fiscal Nisman no se suicidó, sino que fue asesinado.
El espectáculo de la gente ocupando el espacio público reduce al ridículo y al absurdo las advertencias y bravatas oficialistas acerca de maniobras destituyentes, golpes de Estado duros o blandos. Esos hombres y mujeres que decidieron estar presentes en el lugar preciso y en el momento preciso no lo hicieron para desestabilizar a un gobierno que ya se va ni para transformar a las ciudades en campos de batallas. Tampoco se propusieron tomar el poder o hacerle el juego a un político opositor.
Precisamente el rasgo que en el siglo XXI distingue a la multitud de la masa o del "pueblo" unificado desde el Estado es su pluralismo interno, su rechazo a toda maniobra unificadora. La multitud es por definición diversa, innovadora, libre y, por lo tanto, lúcida. Es, como escribió Paolo Virno enGramática de la multitud, la arquitecta de las libertades civiles, el actor social capaz de realizar la democracia. O, traducida a nuestra bochornosa realidad, la garantía de que la Argentina se merece, por ejemplo, un destino mejor que Venezuela.
Esa multitud en la calle es una advertencia a un gobierno divorciado del Estado de Derecho y enredado en sus propias maniobras y operaciones internas. Es por sobre todas las cosas una luz roja a un poder alienado, a un poder que opera en las sombras, que despliega sus vicios en la oscuridad, la penumbra y que, por definición, está dominado de un sórdido instinto de muerte. Esta multitud en la calle es un testimonio en tiempo presente, pero también una advertencia al futuro, a los políticos que dentro de unos meses asumirán la máxima responsabilidad de gobierno.
Después de tanto dolor y miedo, de tanta incertidumbre y desasosiego, de tantas balandronadas de un poder prepotente e insensible, después de tanta aprensión y vergüenza, esta manifestación pública de los argentinos, este arco iris de pasiones e ideas iluminando el cielo de la patria, es un soplo de aire fresco, una apuesta apasionada a la esperanza, una respuesta a un mundo que nos mira con alarma y recelo, que los argentinos nos merecemos un destino mejor que este presente agobiante, algo sórdido, algo miserable.
Esta marcha de silencio en homenaje a Nisman, en homenaje a sus hijas, pero también en homenaje a todos los que en esta jornada decidimos estar en la calle porque nos fastidia la impunidad, la corrupción, los atropellos del poder, nos honra como ciudadanos y le otorga una vibrante actualidad a aquella frase fundante de nuestra nacionalidad, aquella frase que tantas veces se recitó sin pasión ni convicción, pero que en este presente adquiere una actualidad palpitante y vigorosa: "Al gran pueblo argentino, ¡salud!".
*El autor es docente universitario y miembro del Club Político Argentino.


fuente: DIARIO LA NACION.COM.AR


Nota del Editor de este Blog:

Rogelio  Alaniz es un escritor y talentoso 
periodista del diario 'EL LITORAL' de
la ciudad de Santa Fe.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Lucio Albirosa, poeta y escritor nacido en San Salvador(Entre Ríos) y radicado en Maipú (Mendoza).


Lucio Albirosa.

Muchos hacen leña del árbol caído
y salen al espanto fogonero 
provocando más divisiones. 
La utopía también camina a pleno día, 
marcha sin preguntarse la razón del caminar
y sigue postergada ante la verdad 
que aún no se sabe ni se descarta.
Hoy no vi ningún discurso, tampoco una pancarta. 
Ayer hubo gatillo fácil y todos tacañaron palabras. 
Ayer un Quom se fue entre las ausentes miradas 
y hoy siento un velorio adentro, 
más allá de los micrófonos y las cámaras.
Una niña miró el fuego a los ojos y ahora
la pobreza le prepara la lagrimal morada... 
Hoy murió otro indigente y nadie dijo nada,
tal vez porque no tenian cargos ni apellidos, 
tal vez porque los menos para algunos, 
son una prohibida palabra.
El amarillismo esta noche sigue vendiendo
el sensacionalismo sangrío de ayer y ahora 
en mis calles no anda enlutada ninguna marcha.
Han muerto otros y no tienen cargo de renombre: 
éstos no son títulos de portada. 
Estas otras muertes no venden tanto 
aquello que al pueblo le duele a desnuda entraña.


 OFRENDA AL OLIVO Y EL VINO

Labrador del Maipú mendocino:
que brote de tu garganta el canto a esta tierra
para celebrar entre la verde crispancia del olivo
el trago largo vertido en la infinita cosecha;
que se desparramará en el trinar de las cuerdas
y se volverá vino de gloria en cuna de esta ofrenda.
Terruño profeta de la tanta cosecha iluminada
donde Tormo se hizo tonada del vendimiador;
por tus hileras fluyen sollozos del dichoso cultivo,
de tus racimos brota la esperanza de esta canción.
Caudal labrador bendecido por rayos de sol,
melodía del surco, la zapa y el bendito olivo;
elevándose en la piedra de tu originaria cruz
para perdurar en el mito de la sangre y el vino.
Un fogón de huarpes encendido en la noche
canta a tus bodegas, tus manos, rostros de luz
pregonan tu historia y al sudor del inmigrante,
a tu luna andante, a tu nombre amado Maipú.
General Gutiérrez, Luzuriaga, la Capital, 
Rusell, San Roque, Coquimbito y Cruz de Piedra,
Barrancas, Lunlunta, Rodeo del Medio,
Fray Luis Beltrán y General Ortega;
llenan sus copas, cubas, vasijas y tinajas
despertando la alegría que tus hijos celebran.
Andarán cantando alegres los cosechadores
oyendo un canturrear del agua entre las hileras,
mujeres trabajadoras esparcerán coronas de belleza
en la danza trajinada de aceitunas, tachos y tijeras.
Perdurará sobre el tiempo este cantar cuan perlino,
cantarán los abuelos, los niños, la dichosa juventud,
Cante dichoso, compadre, esta ofrenda al olivo y el vino
que abrazará cada entraña del bien amado Maipú.
Letra: Lucio Albirosa.
Música: Alejandro Sicardi
.



Lucio Albirosa presenta su libro 
"Poemas para un tren de olvido"
El  sábado 6 de diciembre de 2014, 
a las 20:00, en la Escuela 1, se 
realiza la presentación del libro 
"Poemas para un tren de olvido" 
(el libro de las veleidades) del poeta 
y escritor Lucio Albirosa, en el 
marco de las actividades por el 125º 
Aniversario de la Fundación de la 
ciudad de San Salvador, Entre Ríos.

Este es el cuarto libro oficial del 
autor, sin contar las distintas 
publicaciones sueltas que ha 
realizado en todo su andar literario. 
La obra en si, contiene poemas 
que datan desde la era 
adolescente del autor y varios de 
ellos ya han sido premiados y 
publicados en sitios web o revistas 
literarias.

Una mirada profunda sobre la 
obra, a manos de críticos 
literarios, denota la absoluta 
madurez literaria temprana del 
autor, que bien puede 
considerarse la antesala de lo 
que Albirosa logró canalizar 
poéticamente y trasladar luego 
a la poesía social; cuya estirpe 
lo hizo acreedor de un nombre 
más que reconocido en el plano 
exigente de la literatura, llevando 
sus poemas a cientos de 
escenarios donde el poema es la 
coronación de la palabra exácta, 
justa y válida.


Por otra parte, la visita del poeta a su pueblo de la infancia, denota su interés dedicado a la acción del trabajador rural ligado a labores del arrozal. No es un dato menor que las poesías "A San Salvador", "La iluminada", "Peoncito molinero", "Anhelando tu regreso", "Labriego sansalvadoreño", "Suelo elegido" y otros, acompañan el poemario a modo de cancionero que el poeta escribió en alusión al marco de los 125 años de la ciudad.


Un poco más del escritor

LUCIO ALBIROSA

Nació el 28 de Abril de 1982. Argentino. Poeta y escritor del proletariado, estudiante de Letras la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO. Libros: "El vuelo del régulo" (2008), "¿Poemas informales?" (Difusión poética, 2011), "Versos ventrílocuos" , "Cartas para Bárbara" (inédito), "El canto de las Injusticias" y “Gritos de las injusticias” (inédito). Ha editado infinitos poemas sueltos, cuentos y columnas de opinión, en distintos medios nacionales.

Integra el dueto poético-musical "Decires de la Tierra" junto a la cantautora Daniela Trovati. Autor de canciones del folklore nacional. Distinguido y premiado en distintos certámenes y concursos literarios nacionales y latinoamericanos. Fue elegido en 2013 por la Edit. Mis Escritos como uno de los "10 Jóvenes Escritores Argentinos" en la Biblioteca Nacional de Bs As. Su trayectoria poética fue distinguida por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Mendoza. No se le conoce otra biografía que su propia expresión escrita.

http://www.reportecuatro.com.ar/
Las poesías y la foto son del 
Facebook del autor.

domingo, 15 de febrero de 2015

ROBERTO FONTANARROSA, el "Negro": EL LOCO CANSINO














Para que usted tenga una idea de qué tipo de futbolista era ese muchacho, le cuento que jugaba llorando. Pero no le digo llorando porque protestaba o porque se la pasaba quejándose a los árbitros o esas cosas que nos han dado a los argentinos la fama de llorones, no.

El Loco Cansino lloraba en serio, con lágrimas, desconsoladamente, mientras llevaba la pelota. Yo lo he visto. Parece algo digno de risa pero créame que era una cosa bastante impresionante. Cómo decirle… angustiante.

Cansino entraba a la cancha muy serio, no sé si concentrado o qué, pero usted lo veía serio, el ceño fruncido, con la vista perdida sobre el césped, parecía que no se fijaba ni en los adversarios ni en la gente que había ido a la cancha. Y le aseguro que por ese entonces iba muchísima gente a la cancha de Sparta, muchísima. Porque tenía un equipazo. Jugaban el Gringo Talamone, el Negro Oroño, Sebastián Drappo, que después fue a Racing, la Garza Olmedo, que era el arquero, y otros más que ahora escapan a mi memoria pero que ya me voy a acordar.

Pero la figura, la figura, era Cansino sin duda alguna, el Loco Cansino. Y mientras el partido iba bien, digamos, mientras no fueran perdiendo, Cansino se mostraba normal, calmo, tranquilo. Jugaba ahí, en su punta, participaba poco del juego, la pedía de vez en cuando, al estilo de los viejos punteros derechos, que no se movían de al lado de la raya. Hasta daba la impresión de ser un poco frío, de no interesarle demasiado el partido.

Pero si los rivales hacían un gol, se ponían en ventaja, ahí Cansino se ponía a llorar.
No le voy a decir que se ponía a llorar de golpe, de repente. Pero era una cosa como que entraba a hacer pucheros, a aspirar aire, a fruncir la cara, y ya la gente empezaba a prestarle más atención a él que al partido porque sabía que Cansino se iba a largar a llorar.

Era una cosa bastante dramática, permítame que le diga. Bastante dramática.
“¡Aguante, Cansino! ¡No es nada, Loco, ya van a empatar, no llores!” lo alentaban desde la tribuna, porque a la gente le daba no sé qué verlo así, tan sentido. Pero se largaba a llorar nomás, como los chicos. Y le cuento que Cansino, cuando pasó por Sparta ya andaba cerca de los 30, debía ser un muchacho de 28, 29 años.
Le juro que entonces, ya perdiendo uno a cero, se venía para el medio, era como que no podía esperar a que la pelota le llegase a la punta. Se venía para el medio y empezaba a conducir el juego, pero no dejaba de llorar, desconsoladamente lloraba, daba pena verlo pobre muchacho. Era algo desgarrador mirarlo correr con la pelota, levantando la cabeza para localizar a sus compañeros, saltando sobre las barridas de los rivales y llorando a moco tendido, la boca abierta, colorado por el esfuerzo, las venas del cuello hinchadas a punto de reventar.

Lo notable es que los árbitros no sabían cómo tratarlo, no hay en el reglamento ninguna regla que estipule que un jugador no puede jugar llorando. Que no pueda insultar, sí, está contemplado, o gritarle al referí, bueno, vaya y pase (o como ahora que no está permitido seguir si un jugador está sangrando), pero nunca el reglamento dijo algo sobre un jugador que llorara. Lo dejaban, entonces.

Me acuerdo que hubo un arbitro muy grandote, el Inglés Mackinson, que la primera vez que lo vio así trató de consolarlo porque él mismo, Mackinson, ya tenía los ojos enrojecidos, vidriosos. Vio usted que hay gente que cuando ve llorar a otra persona, llora también. Paró el partido y le habló, agarrándolo de un hombro, paternalmente.

Pero no hubo caso, Cansino se contuvo un momento, tratando de aspirar hondo para cortar los sollozos; apenas reanudado el juego empezó de nuevo a pucherear y enseguida volvió al llanto.

Se imagina que a la hinchada de Sparta la cosa mucho no le gustaba porque era motivo de la risa de las otras hinchadas. De las risas y de las cargadas. Si hasta llegaron a decirles ” los llorones” a los hinchas de Sparta, por causa de Cansino.

Por otra parte, en esos momentos era cuando Cansino, desesperado por el resultado adverso, podía conseguir los milagros más conmovedores, futbolísticamente hablando. Era ahí cuando se hacía dueño de la pelota y podía dar vuelta un resultado con una facilidad asombrosa. Gambeteaba de a cuatro, de a cinco rivales, hacía jugadas que yo, después, no he visto hacerlas a nadie, podía dar vuelta un partido él solo aunque fuera perdiendo por 3 ó 4 a o (cero).

Después, cuando Sparta lograba empatar, Cansino ya se calmaba. Casi ni gritaba el gol del empate, le digo. Se abrazaba con sus compañeros, eso sí, y se limpiaba los ojos con la manga de la camiseta. O con un pañuelo mugriento que siempre llevaba en la media. En ocasiones los mismos árbitros le alcanzaban un pañuelo y en una oportunidad lo vi secarse los ojos con el banderín del córner luego de lanzar el centro que determinó la paridad en el marcador.

“Escaso nivel de resistencia ante la adversidad”, así me lo definió el doctor Suárez una vez que le pregunté, preocupado, por el caso de Cansino. Porque, indudablemente, como periodista deportivo del matutino “Democracia”, el caso me interesaba.

Consulté a Suárez, asimismo, y ya en otro orden de cosas, si había alguna condición física, alguna anomalía incluso, que generara esa capacidad que Cansino tenía para la gambeta. “A veces se presenta una distorsión congénita -recuerdo perfectamente que me dijo el doctor Suárez, médico del Sparta- que genera una apreciable diferencia entre un hemisferio del cerebro y el otro, lo que produce en el paciente una distinta captación del tiempo y el espacio. Esto, en algunos casos, motiva una distinta relación en el equilibrio, y es por eso que Cansino puede intentar algunas cabriolas, o recuperar la vertical en una forma totalmente imposible para el resto de los mortales”.

Alguna explicación de ese tipo debía de haber porque era insólito lo que hacía este muchacho en la cancha. La ley de gravedad no parecía existir para él y a veces uno sospechaba que tenía un radar de ésos que tienen los murciélagos dada su capacidad para no chocar contra los objetos sólidos. Pasaba entre una multitud de piernas, zigzagueando, sin tocarlas, cambiando el ángulo de su carrera a medida que lo iban bloqueando, modificando incluso su volumen corpóreo como si fuese líquido, como si fuese de mercurio, en procura de evitar los choques.

Era, por supuesto, imprevisible, y por eso le decían “El Loco”. Podía arrancar, de pronto, hacia su propio arco, como si hubiese perdido el sentido de la orientación, como esas tortugas que ante explosiones atómicas han perdido la brújula genética que les indica dónde se encuentra el mar. O, de repente, llegaba hasta la línea de fondo y echaba el centro hacia el lado de afuera de la cancha, estrellándolo contra el alambrado. Para no contar las veces en que, de repente, se iba de la cancha, murmurando cosas, hablando solo, hasta meterse en el túnel.

Nadie se animaba a decirle nada porque, por sobre todas las cosas, Cansino era muy manso, muy buen muchacho, muy dócil. Le digo esto porque un par de veces yo fui a hacerle alguna entrevista a los entrenamientos y me atendió con mucha cordialidad. Pero, eso era cierto, se le notaba que no era un muchacho muy normal. O, digamos, yo ya comencé a percibir que, en él, se estaba desencadenando lo que después terminó como terminó.

La primera vez que le hice un reportaje fue acá en el centro, en el Hotel Italia, donde él paraba. Recuerdo que nos sentamos a tomar un café y me esquivaba la mirada. Otro detalle que recuerdo perfectamente, porque me impresionó mucho, fue que transpiraba. Transpiraba muchísimo, y era pleno invierno. Yo le hice una pregunta y no me contestó, no me contestó nada.

Había empezado a mirarme con cierta molesta fijeza. Pensé que no me quería contestar aquella pregunta que ya no recuerdo pero que, sin duda, era una pregunta absolutamente convencional y tonta, como ser dónde había nacido o cosa así. Intenté entonces con otra, que tampoco me contestó. Opté por una tercera, ya francamente incómodo e inseguro: considere usted que yo era un pibe de poco más de 20 años. A la quinta pregunta, Cansino modificó un poco su postura en la silla, me señaló su oreja izquierda y me dijo: “Hábleme de este lado, porque no escucho nada con el otro oído”. Yo le había estado hablando sobre el oído sordo.

De ahí en más pude hacerle la entrevista y me encontré con la sorpresa de que era un hombre muy culto. Me habló de los inconvenientes que debe superar un joven de clase trabajadora para acceder a los primeros niveles en el orden del deporte, del fino y personalizado trabajo artesanal que hay en la confección de una pelota de fútbol, del elevado porcentaje de lactosa que se encuentra en un litro de leche de vaca y de la reconstrucción de la ciudad de Constantinopla luego de haber sido destruida por la Cuarta Cruzada a los Santos Lugares.

Era un poco errático en materia de conversación, lo admito, pero muy interesante. Lo del oído lo comenté después con el doctor Suárez y él me corroboró que ese tipo de disminución auditiva influía en gran medida en el sentido del equilibrio, tema que ya habíamos tocado en relación con la gambeta. Había algo inconexo en él; debido a eso, había un quiebre del equilibrio o de la inercia que lo hacía imprevisible.

En aquel campeonato regional del año 37, gracias a Cansino, Sparta se prendió en las primeras posiciones, cosa que nunca había conseguido. Pero a medida que se acercaba la definición del campeonato, la conducta de Cansino se hizo más y más extraña. Nunca se mostró agresivo o violento, pero siempre daba la nota con algún detalle fuera de lo común o medio raro. Salía a la cancha, por ejemplo, con una toalla rodeándole el cuello, como si recién se hubiera bañado. Había referís que se la hacían quitar, otros se hacían los distraídos, pero no era un detalle que pasara desapercibido pese a que le estoy hablando de una época en que los árbitros dirigían con saco y, a veces, los arqueros usaban sombrero, pero sombrero de fieltro, funyi.

Por esa época, Cansino empezó a escuchar voces, afirmaba que escuchaba voces que le hablaban en otros idiomas. Y lo que era más raro, las escuchaba en el oído sordo. En Sparta lo tenían entre algodones, preservándolo para la final, especialmente el ingeniero Wernicke, el presidente del club. Wernicke, muy preocupado, me decía: “Yo fui el que lo traje al club. Y cuando lo contraté sabía que le decían “El Loco”, como se les dice a tantos wines derechos, pero no sabía que era loco de verdad”.

Hacía bien en preocuparse Wernicke, quien además quería mucho a Cansino. En la semana previa al partido final contra Deportivo Federación, Cansino empeoró. Lo encontraron una noche caminando desnudo por las terrazas en la manzana de la pensión donde vivía. Dijo que estaba entrenando. O caminaba por calle Córdoba señalando con dedo índice hacia el cielo, vocalizando como si hablara pero sin emitir sonido. La gente no le decía nada porque lo reconocían. Lo reconocían porque andaba siempre con la camiseta de Sparta puesta, debajo del saco y la corbata.

Dos días antes del partido me enteré que lo habían llevado a un manicomio. Una cosa muy mesurada, hecha bajo cuerda para que no tomara estado público, pero con la intención de que lo trataran, lo sedaran, procurando que para el domingo estuviera bien. Un tratamiento rápido, por supuesto, de shock se diría ahora.
El sábado lo fui a ver, con una curiosidad más humana que periodística. Le estoy hablando de una época en que había menos canibalismo periodístico, no existía esa compulsión hacia los escándalos y las noticias rimbombantes. De ser así… ¿cuántos periodistas hubieran dado lo que no tenían para disponer de una primicia como la que yo sabía, revelada por el propio presidente del club?

Me fui a Oliveros, entonces, donde había por entonces, una pequeña casa de reposo, de salud. Y ahí estaba Cansino. Le habían hecho un tratamiento de electroshock que le había chamuscado casi todo el pelo. Él tenía un pelo bastante mota, renegrido y, cuando yo llegué, todavía le humeaba. Se imagina usted que, por esos años, no había un cabal conocimiento del manejo de la energía eléctrica y esos tratamientos se hacían un poco a lo bestia. Le conectaban unos alambres, le humedecían la ropa para que hubiera una mejor transmisión de la corriente y ahí le sacudían. Cuatro, cinco veces, las que fueran necesarias. El doctor que estaba a cargo del establecimiento me dijo que también le habían suministrado unas inyecciones de láudano, tilo y mercurio, para tranquilizarlo. También me contó que indudablemente la práctica del fútbol había empeorado la disfunción mental de Cansino, aquella descoordinación entre un hemisferio cerebral y el otro, de la cual me había hablado Suárez.

“Cada vez que este muchacho va a cabecear, y cabecea -me dijo-, el cimbronazo del impacto descoloca un poco más la armonía entre un hemisferio y el otro, haciendo más grande la grieta entre ambos”.
De todos modos, la verdad es que Cansino lucía tranquilo, calmo. Se paseaba entre los otros pacientes con una sonrisita por esa especie de parque que tenía la clínica. Me reconoció enseguida y fue muy cordial conmigo. Me dijo que iba a jugar al día siguiente, que estaba perfecto. Me preguntó si yo sabía idiomas, porque creía reconocer la voz mía entre las voces que solía escuchar, habiéndole en portugués. Le dije que no, que lamentablemente sólo hablaba castellano. Incluso en un rasgo de sensatez me consultó cuál sería la formación del equipo de Sportivo Federación al día siguiente, y si había llegado al país en el dirigible Hindenburg. Ahí la pifiaba feo porque Federación era un club de acá nomás, de Roldan. Pero no lo encontré mal, dentro de todo.

Al día siguiente, el domingo, fui a la cancha. Había un gentío impresionante. Era la final, creo que ya le dije. Y el Loco Cansino salió con el equipo, lo que provocó una algarabía enorme entre la hinchada de Sparta porque algo había trascendido sobre su internación y había rumores de que no iba a jugar. Humeaba un poco, todavía, o al menos así me pareció a mí, pero también es posible que haya sido ese vapor que se desprende de los jugadores cuando están transpirados por el calentamiento previo y salen al frío del invierno.

Eso sí, lo noté algo descoordinado en los movimientos. Se hizo la señal de la cruz -yo no sabía que era tan católico- tocándose la frente, un hombro, una cadera, la rodilla derecha y el otro hombro. Luego se le producía un estremecimiento facial, una contracción como la que ocurre cuando uno bebe algo muy ácido. Pero estaba bien.

La cuestión es que empezó el partido y Federación metió un gol, así nomás, de arranque. Y, por supuesto, curado o no curado, contenido o no contenido, el Loco se largó a llorar, lo que produjo la burla, la cargada, el sarcasmo de la hinchada rival que había llegado en buen número.

Era algo contradictorio porque, como ya le he contado, Cansino lloraba y metía pierna como el que más, trababa más fuerte que ninguno y gambeteaba a cuanto rival se le cruzara. Sin embargo, todo su esfuerzo fue en vano. Cerca del final del primer tiempo, Federación metió el segundo gol. Era más equipo, buscar otras explicaciones sería faltar a la verdad. Más equipo. Empieza el segundo tiempo y el Loco estaba desatado.
Lloraba y metía centros, lloraba y pateaba al arco, lloraba y eludía a los adversarios. Cerca de los 20 minutos hizo una jugada bárbara y se metió en el arco con pelota y todo: 2 a 1.

En eso, yo, que estaba agarrado al alambrado, cerca de los palcos para la prensa y las autoridades, entre el griterío de la gente escucho una sirena. Me doy vuelta y veo llegar, por detrás del estadio, una ambulancia, a toda velocidad. Enseguida entran al estadio un par de enfermeros, con el médico que yo había conocido en la casa de salud de Oliveros y se dirigen corriendo hacia el palco del ingeniero Wernicke. Me acerco, entonces, a riesgo de que me consideraran un entrometido. Y escucho que el médico le cuenta al ingeniero que Cansino había matado a uno de los pacientes de la clínica. Se suponía que lo había degollado con un vidrio durante la noche, pero había escondido el cuerpo bajo la cama de su propia habitación y los enfermeros recién lo encontraron al mediodía, cuando a Cansino ya le habían permitido volver a Rosario para jugar el partido. Según el médico, había que encerrarlo de inmediato porque era muy peligroso.

Yo vi la cara del presidente y comprendí de inmediato el intenso conflicto emocional que lo invadía en esos momentos. Cansino era fundamental para alcanzar el empate que les permitiría consagrarse campeones. Le pidió, entonces, le rogó, al médico, que le diera a Cansino diez minutos más de libertad. El médico accedió, en parte porque le gustaba el fútbol, y en parte porque estaba esperando la llegada de la policía para dominar a Cansino.
Diez minutos después, exactamente diez minutos después, Cansino hizo otra jugada extraordinaria y le sirvió el gol al Valija Molina, un nueve grandote que era muy bruto pero que siempre la empujaba adentro. Molina hizo el gol y, automáticamente, toda la hinchada de Sparta invadió la cancha, para festejar.

Fue lo que aprovecharon la policía y los enfermeros, junto con nosotros, para correr hacia donde todos los jugadores de Sparta celebraban apilados: una decisión providencial, creo. Cuando llegamos hasta la montaña de jugadores, debajo de dos o tres de ellos, Cansino, rojo, desencajado, estaba estrangulando a Sturam, al petiso Sturam, el cuatro de su propio equipo con un alambre de enfardar.

Se le tiraron encima los enfermeros, los policías y hasta el presidente mismo para contenerlo. Después la prensa, desinformada, acusó a la policía de parcialidad manifiesta por unirse en el festejo de la conquista. Lo cierto es que, en el remolino de gente, lo agarraron a Cansino entre muchos y se lo llevaron para el túnel.
El partido no pudo reanudarse, había mucha gente dentro de la cancha y en realidad faltaban nada más que dos minutos. Entre la algarabía de la hinchada, yo escuché las sirenas de las ambulancias y de la policía alejándose. Fue la última vez que pude ver a Cansino. El club notificó luego que lo habían vendido a Montevideo, hubo trascendidos de que se había retirado del fútbol. Pero lo cierto es que nadie supo nada más de él.

Quedó como un héroe, eso sí. Vaya usted y pregunte a los viejos hinchas de Sparta por el Loco Cansino y todos se van a llenar la boca de elogios hablándole de él. Yo estuve tentado un par de veces de irme para Oliveros porque tenía la sospecha de que lo habían vuelto a encerrar allí. Pero vio cómo son estas cosas, va pasando el tiempo, uno se ocupa de otras cosas, y al final no va nunca. Pero… qué wing derecho era el Loco… Qué wing derecho.
-Roberto Fontanarrosa